Ari Folman

Posted by Mafer On Noviembre - 4 - 2009

Un hombre que para muchos ha tenido una vida tormentosa, pero que sin duda se ha sabido dirigir al éxito. Nacido en Haifa, Israel durante la década de los 60´s, es en la actualidad uno de los más exitosos compositores, guionistas y directores de cine israelí. Desde su juventud ha tenido que enfrentarse a situaciones como la guerra y el odio entre Palestina e Israel; llegado su momento formó parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes, que lo llevaron a estar presente durante la masacre de Sabra y Chantila.

Estas experiencias, sin duda, marcaron de una forma única su hoy exitosa historia, la sensibilidad adquirida durante sus años en las fuerzas armadas y la experiencia que pocos pueden contar de ser parte de una guerra, lo llevó a escribir uno de sus guiones más famosos que posteriormente sería dirigido por él mismo, convirtiéndose en la película ganadora del Globo de Oro en el 2008. Vals con Bashir es sin duda una obra de arte que muestra un punto de vista que pocos autores y artistas pueden transmitir.

Ari no sólo se ha dedicado al cine, explotando su inegable talento para la creación y el desarrollo de guiones, sino que desde hace tres años es escritor de la serie dramática Parashat Ha-Shavua, emitida por el canal israelí Hot 3. Ha sido director de tres películas: (2008) Vals con Bashir, (2001) Made in Israel y (1996) Clara Hakedosha, obteniendo una gran cantidad de premios y reconocimientos internacionales entre los que destacan: el Premio Especial del Jurado en el KVIFF por Clara Hakedosha así como el Ophir del Cinema al mejor director, por la misma cinta. El premio Ophir al mejor guionista y director por Vals con Bashir que también obtuvo el César a la mejor película extranjera y el Globo de Oro a la mejor película no inglesa.

Sin duda Ari Folman es la representación de una historía de lucha, de entrega y decisión, pero sobre todo de éxito.El CutOut Fest se enorgullece en presentar durante su primera emisión “Vals con Bashir”, documental animado de Ari Folman, nominado al Oscar y galardonado en múltiples festivales al rededor del mundo, disfruta de esta serie Fuera de Formato el sábado 14 de noviembre a las 20:30 horas en el Cineteatro Rosario Solano, ENTRADA LIBRE.

ATLAS, por Arturo Tapia

Posted by Arturo On Septiembre - 12 - 2009

Viajero: ArturoTapia

Nos equivocamos cuando creemos que tenemos la razón. Nos equivocamos cuando exigimos ser razonables a los demás. Nos equivocamos cuando lo único que se nos ocurre es apelar a la lógica (buen invento totalitario para hacer que cualquier cosa parezca razonable), para ennoblecernos a nosotros y a nuestro cometido. Sin reparo minúsculo todos somos diestros en ofrecer una retahíla de “razones” pragmáticas para sentenciar quién y qué está mal. Mis reseñas, desde esta primera, las ofreceré como el atlas del mundo animado que voy recorriendo. No diré cuál es el mejor corto o largometraje, cuál tiene la mejor técnica, el mejor guión, cuál significa la más innovadora de las propuestas –que sólo dura hasta que encuentre la más nueva innovadora de las propuestas–, ni mucho menos seré una suerte de reseñador coercitivo diciendo lo que deben ver. Insisto mucho en que lo mejor que puedo emprender es el atlas del mundo que recorro hasta el próximo noviembre. Ésta es mi primer entrega. Yo la disfruté. Éntrale y cuenta qué te parece.

Medio Oriente: Vals con Bashir de Ari Folman

Resulta que Ari Folman sufría de amnesia. Bueno, en realidad no sufrió sino hasta después de darse cuenta que la tenía. Hasta entonces sólo tenía amnesia como la mayoría de sus coetáneos compañeros de milicia israelíes. Cuando cayó en cuenta de que su memoria humana, traicionera, falible y caduca, le había guardado bien el recuerdo de sus años de mocedad asesina en los que, empuñando un arma y operando maquinaria que hace muertos y manufactura miedo, se lanzó en comando con el ejército a cumplir la vergonzosa encomienda de Ariel Sharon de repetir Vietnam en Medio Oriente (misión que no sólo le mereció la prohibición para volver a ocupar el puesto de ministro de defensa, sino que también le provocó amnesia a él y a los israelíes que lo tuvieron como cabeza del Estado veinte años después); Ari Folman resolvió no sufrir más –al menos no de amnesia– y después de ser provocado por un viejo compañero que le cuenta su pesadilla recurrente, donde se ve perseguido por la misma cantidad de perros cada noche en tiempos de su incursión en Líbano, el director se siente urgido a ahondar en su memoria y en la de sus compañeros, que como a miles de soldados, les ha jugado una treta para transigir con la oficialidad pero que les impide comprender qué misión tiene enrolarse y cumplir con el ejército de su país. Folman no reivindica nada porque, en realidad, no tiene nada que defender. Eso no significa que le falte mérito a su trabajo, todo lo contrario, su intención de advertirnos que se sufre y se pierde en cualquier guerra –lo que ya se sabe, nunca hay un bando ganador– creando una película que cumple con mucha ironía las nuevas exigencias a la realidad en la era de las cámaras, es un mérito nada menor. Él sabe que la realidad tal cual no es bastante temible y que precisa ser intensificada, o ser reconstruida de un modo más convincente: Folman elige extrapolar a la animación aquella lógica del documental que capta la realidad y demanda fotografías e imágenes tomadas en el mismo campo de batalla, y acerca sin causar temor –pero no menos consciencia– al espectador que rápidamente se recuerda que él es <<extranjero>> , que los que aparecen siempre son <<desconocidos>>. Folman no documentó la guerra, la vivió en carne propia; pudo volver para hacer cine y no piensa desaprovechar esta oportunidad de enseñarnos que no se gana en el campo de batalla, sino que se comienza a luchar por olvidar apenas los del otro bando han caído muertos.

El ejército israelí invadió Líbano y ocupó Beirut en 1982. El 16 de septiembre de ese año las milicias cristiano-falangistas en el oeste de la ciudad, ocupado y dirigido por Ariel Sharon, llevaron a cabo las matanzas de Sabra y Chatila en venganza del asesinato de Bashir Gemayel, mandatario libanés electo, ocurrido sólo dos días antes. El ejército impávido e instigador fue el ejército de Folman, el que advirtió una masacre, el que sabía lo que ocurría a miles de refugiados en esos campos. Sin embargo, Folman no tiene por qué quedarse con el olvido él solo, por ello busca en el pasado, entrevista a quienes le acompañaron en su batallón y unidad de combate y da forma, imagen y color a las memorias que surgen de los testimonios que ofrecen recuerdos íntimos, de tragedias o victorias vívidas, y material onírico que –literalmente– sólo la animación podría documentar; Folman intentó articular y completar el registro de lo que él mismo vivió en la época en la que Israel ocupó Beirut.

Así comenzó la historia de Vals con Bashir, con una pesadilla contada que durante cuatro años, el tiempo que tomo realizar el filme, convirtió la vida del director en un vorágine que hizo de su existencia un péndulo que oscilaba entre la depresión por echar un atisbo a sus recuerdos y la euforia provocada por estar creando una película que documenta de manera inédita una historia que puede merecer cualquier sentencia, menos, la del olvido. Para lograr su objetivo, Folman combina la grandiosa idea de “documentar” los sueños y testimonios de los entrevistados con animación Flash, la falta de imágenes de archivo es buena suerte, ayuda a evitar utilizar un cuadro con fondo pálido donde aparecería filmado un otrora asesino patriótico contando lo que recuerda sobre la guerra. Yoni Goodman, el encargado de ilustrar el largometraje, logra con creces rebasar la exclusiva tarea de dibujar para Vals con Bashir; Goodman crea una plástica proveída de arrolladora fuerza que de inmediato entrega al espectador una historia casi convertida en algo tangible. El proyecto resultó una verdadera decantación psiquiátrica para los propios involucrados. El documental alterna entre las entrevistas a los antiguos reservistas, la recreación de sus sueños, el camino hacia un Beirut asolado por misiles y la jornada de Folman.

Ahora es I Bombem Lebanon

Los síndromes son malentendidos como enfermedades, cuando sólo son un conjunto de fenómenos que caracterizan una situación determinada; cuando yo vi la película no pude dejar de sentirme cabalmente conducido por la música y sentir exacerbado mi síndrome melómano, que también hace de brújula en todas esas situaciones en las que necesito ser ubicado –que son muchas–, y conseguí fácilmente imaginar con mayor lucidez a los soldados en su cotidiano. La música de Vals con Bashir hace sinergía con la fuerza de la historia y la plástica de Goodman. Cuando uno de los compañeros de Folman evoca una noche abordo de una embarcación militar en las costas de Libano, el cuadro es de fiesta y exceso aún durante la invasión. Sin duda, Folman logra transmitir la transgresión de una borrachera indolente –seguro muy divertida– cuando comienza a sonar Enola Gay de OMD; uno mismo puede contrastar los sonidos y el “ambiente” de combate con la letra del pegajoso éxito ochentero, es una buena broma al recuerdo de esos ingenuos que se embriagaban y obedecían sin escuchar, sin preguntar: “Enola gay, you should have stayed at home yesterday. Aha, words can’t describe the feeling and the way you lied. These games you play, they’re gonna end it more than tears someday. Aha, Enola gay, it shouldn’t ever have to end this way. Aha, Enola gay, it shouldn’t fade in our dreams away…”.


Max Ritcher, un músico alemán del género electrónico, compuso la banda original del filme. El trabajo de Ritcher es sobresaliente y perfectamente compatible con otras pocas canciones muy bien elegidas y colocadas durante la historia. This Is Not a Love Song sacude al mismo tiempo que el sosiego de los soldados israelíes, que flotan en la playa de Beirut, es interrumpido de pronto por misiles que estallan frente de ellos; los soldados, reflejados en el agua obscura gracias a las colas de fuego e incendios provocados, miran con estupor el espectáculo de luces y muerte al que se acostumbran rápidamente. Para Vals con Bashir fue reescrita la canción I Bombed Korea, y titulada ahora I Bombed Lebanon, la secuencia en la que aparece la canción es de un humor negro, que casi se podría extraer de ella un vídeo que sirviera para acompañar consignas en contra de la idiota forma en que invierte su energía el ser humano. La música que aparece en el filme potencia el lenguaje cinematrográfico generado por Folman y compañía.

Vals con Bashir tiene un final inesperado, o mejor dicho, con un formato altisonante al resto de la obra; un final trepidante que sacude con fuerza, un final por el que, en realidad, muero de ganas de saber qué provocó en ti.

Algo de bibliografía sobre guerra

· Tres guineas de Virginia Woolf. Un libro osado, inoportuno y muy inconveniente para los ávidos de combate a cambio de nada o de perderlo todo.

· Oriente Próximo: Psicoanálisis de un conflicto de Daniel Sibony. Una revisión integral de los motivos y alicientes para mantener un conflicto milenario.

· Ante el dolor de los demás de Susan Sontag. Un ensayo sobre la violencia, su difusión y frivolización en modo de “noticia” o “documental” en los medios masivos de comunicación.

· Identidades asesinas de Amin Maalouf. Un breve ensayo sobre las razones íntimas y tributarias que nos convierten en individuos refractarios en conflicto con los diferentes.

· Samarcanda de Amin Maalouf. Una novela brillante que desde el comienzo te hace viajar al otro lado del mundo y te hace ignorar aquello de “Oriente” y “Occidente”. El mundo es redondo y no hay arriba o abajo, ni adelante ni atrás. La pasarás muy bien con esta lectura.

Algunas acciones que previenen la  guerra

· Aprender los idiomas del líder de Hezbolá y de Benjamín Netanyahu puede resultar enriquecedor. Bueno, también puede resultar complicado pero no imposible. Si no, intenta cualquier otra lengua. La visión que tiene del mundo cada sociedad está incrustada en su propio idioma.

· Viajar, aunque si hay poco dinero es complicado. Investigar y conocer música de otras regiones puede servir mucho para abrirse paso en la cabeza. Sí, ya ven que luego está cerrada, pero nada que flautas o teclados encantados no resuelvan.

· Ligar con foráneos. Si has dicho alguna vez “No soy racista, pero me dan asquito los asiáticos (o los negros)”, malas noticias. Sí, eres racista. Además, de ésos que se hacen bien güeyes y hacen mucho daño. Intenta conocer y disfrutar con cualquier persona un ligue, amorío, o acostón transcultural.

· Quizá de las más simples y baratas soluciones es ser flexible y respetuoso. Intenta, al menos sólo un rato, tratar a los demás como te encanta ser tratado.